Colombia entró en una carrera contra el reloj. La Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) presentó un informe que advierte que el país tiene apenas 132 días para tomar medidas que reduzcan el impacto del fenómeno de El Niño 2026-2027 antes de que comience la temporada más crítica, prevista entre diciembre de 2026 y abril de 2027.
El ultimátum de los 132 días
Según el gremio, el plazo vence el 30 de noviembre, fecha límite para ejecutar acciones preventivas clave como llenar los embalses, firmar contratos de contingencia con costos actuales e incluir recursos para enfrentar el fenómeno en los presupuestos de 2027. El documento, elaborado con base en datos de la NOAA, el IDEAM y XM, sostiene que el fenómeno climático ya está definido y que lo único que puede cambiar ahora es la magnitud de sus consecuencias, dependiendo de las decisiones que tomen el Gobierno Nacional, los alcaldes y las empresas de servicios públicos.
Asocapitales advirtió que una vez comience diciembre, el margen de maniobra se reducirá considerablemente y cualquier respuesta será más costosa y menos efectiva. El llamado se hace en un contexto en el que las ciudades capitales concentran cerca del 47% de la población colombiana y son responsables de una parte fundamental de la actividad económica del país.
Un fenómeno que se fortalece más rápido de lo previsto
Los datos técnicos confirman que la alerta no es exagerada. La probabilidad de que El Niño alcance una intensidad «muy fuerte» aumentó de 63% a 81% en apenas un mes, según el Centro de Predicción Climática de la NOAA. Además, la anomalía de temperatura del océano Pacífico pasó de 0,7°C a 2,1°C en solo cinco semanas, un salto que evidencia la velocidad con la que evoluciona el evento.
El IDEAM ya había señalado que las condiciones de El Niño continúan en rápido fortalecimiento y que, de mantenerse esta tendencia, su intensidad más probable sería muy fuerte entre septiembre de 2026 y enero de 2027, con una probabilidad superior al 95%. Como muestra de los efectos que ya se sienten, Asocapitales recordó que Cali registró recientemente la temperatura más alta del año, con 36,4°C, mientras la sensación térmica alcanzó los 43°C por la combinación de calor y humedad.
Las siete capitales en alerta roja
Como parte del estudio, el gremio elaboró el Índice de Alerta y Vulnerabilidad Urbana (IAVU), una herramienta que clasificó a las 32 ciudades capitales según su nivel de exposición al fenómeno climático. Las ciudades con mayor riesgo urbano, en alerta roja, son:
Estas capitales comparten factores como fuentes de abastecimiento de agua más frágiles, antecedentes de problemas en la prestación del servicio o mayor exposición al déficit de lluvias. En el caso de Quibdó, Asocapitales aclaró que su ubicación en alerta roja responde principalmente a indicadores de prestación de servicios públicos y no exclusivamente a condiciones climáticas.
En alerta naranja quedaron ciudades como Bogotá, Cali, Cartagena, Barranquilla, Ibagué, Villavicencio, Montería, Sincelejo, Bucaramanga, Tunja, Neiva, Arauca, Leticia, Puerto Carreño e Inírida. Mientras que en alerta amarilla, con menor exposición relativa, figuran Medellín, Pereira, Manizales, Armenia, Pasto, Popayán, Florencia, Mocoa, Mitú y San José del Guaviare.
Agua y energía, el epicentro de la preocupación
El informe pone especial atención al sistema energético nacional, que depende en un 65% de la generación hídrica. Según datos de XM citados por Asocapitales, al 20 de julio el nivel agregado de los embalses del Sistema Interconectado Nacional se ubicaba en 79,28%, ligeramente por debajo de la meta técnica de superar el 80% antes de diciembre.
El gremio advierte que, si no se toman medidas oportunas, el país podría enfrentar racionamientos simultáneos de agua en varias ciudades, riesgo de restricciones en el servicio de energía, incrementos desordenados en las tarifas y mayores gastos de emergencia para alcaldías y gobernaciones. A esto se suma un dato preocupante: entre el 1 y el 14 de mayo, las alertas por incendios forestales pasaron de 7 a 90 registros a nivel nacional, con más del 50% de los municipios de la región Caribe presentando alertas activas.
En contraste, si las medidas se adoptan durante los próximos cuatro meses, el escenario podría virar hacia racionamientos puntuales, una mejor administración del sistema eléctrico y una planeación financiera más sólida para 2027.
Las cinco decisiones urgentes que exige Asocapitales
El gremio planteó una hoja de ruta con cinco acciones inmediatas para reducir los riesgos asociados al fenómeno climático:
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Conocer el estado real del abastecimiento de agua en cada ciudad capital.
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Firmar contratos de contingencia antes de que aumenten los costos por la temporada seca.
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Incorporar los posibles impactos del fenómeno en los presupuestos municipales de 2027.
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Fortalecer a los cuerpos de bomberos e iniciar campañas de ahorro de agua y energía.
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Publicar semanalmente información sobre la evolución del fenómeno y las medidas adoptadas por cada administración.
Según Asocapitales, estas decisiones deben tomarse en las próximas semanas para aprovechar el tiempo disponible antes del inicio de la temporada más crítica del fenómeno. La entidad recordó además que, de acuerdo con la Ley 1523 de 2012, los alcaldes son la primera autoridad en gestión del riesgo dentro de sus territorios y tienen la facultad de activar planes de contingencia, convocar Consejos Municipales de Gestión del Riesgo y declarar calamidad pública si las condiciones lo requieren.
Un llamado que no admite más demoras
El mensaje central del informe es claro: Colombia todavía puede reducir el impacto del fenómeno de El Niño, pero la ventana de acción se cierra rápidamente. Andrés Santamaría, director ejecutivo de Asocapitales, ha insistido en que el objetivo es «pasar de la reacción a la prevención», con información oficial, seguimiento técnico y coordinación permanente entre ciudades y Gobierno Nacional. Con siete capitales ya en alerta roja y los embalses del país por debajo de la meta técnica, los próximos 132 días serán determinantes para saber si Colombia logra amortiguar los efectos de uno de los fenómenos climáticos más intensos en décadas.
