En una entrevista exclusiva concedida al periodista Daniel Coronell para su espacio El Reporte Coronell, Murcia lanzó graves acusaciones contra su exabogado y actual candidato presidencial, Abelardo de la Espriella.
La revelación no solo revive el fantasma de la pirámide más grande en la historia de Colombia, sino que pone en tela de juicio la ética profesional de uno de los aspirantes más visibles de la contienda electoral actual.
Desde su reclusión en la cárcel La Picota de Bogotá, a donde fue trasladado recientemente tras denunciar condiciones de tortura en la cárcel de máxima seguridad La Tramacúa en Valledupar, Murcia aseguró que De la Espriella se habría apropiado indebidamente de una millonaria suma de dinero y habría actuado con deslealtad procesal para favorecer intereses políticos del entonces gobierno de Álvaro Uribe Vélez.
La cifra de la discordia: $5.000 millones perdidos
El punto más álgido de la denuncia, detallada por la abogada de Murcia, Sondra Macollins, y ratificada por el propio recluso, gira en torno a una suma exorbitante: 5.000 millones de pesos. Según el relato entregado a Daniel Coronell, este dinero fue entregado en efectivo a Abelardo de la Espriella bajo el concepto de honorarios profesionales hace casi 18 años. Sin embargo, Murcia sostiene que el abogado abandonó la defensa sin devolver los recursos, una conducta que, de comprobarse, constituiría una grave falta a la ética profesional y un presunto delito.
“Es un ladrón, un traicionero”, afirmó tajantemente Murcia Guzmán en la entrevista, señalando que mientras él enfrentaba la extradición y el desmoronamiento de su imperio, su apoderado estaba más interesado en acercarse al poder ejecutivo que en defender los intereses de su cliente. La denuncia disciplinaria ya ha sido radicada ante la Comisión Seccional de Disciplina Judicial, buscando sanciones contra el hoy candidato.
Conflicto de intereses: ¿Abogado o alfil político?
La entrevista con Daniel Coronell destapó otro ángulo crítico: el presunto conflicto de intereses. Murcia argumenta que De la Espriella actuó como un “doble agente”. Según su versión, mientras supuestamente lo defendía, el abogado mantenía cercanía con el gobierno de turno, el cual tenía como objetivo desmantelar DMG para evitar un pánico económico y golpear una estructura que movía masas. Murcia va más allá y sugiere que su captura y proceso estuvieron viciados por estas componendas políticas, facilitadas por la negligencia o complicidad de su defensa técnica de aquel entonces.
La abogada Macollins explicó que De la Espriella no dejó constancias de irregularidades evidentes durante la captura de Murcia en Panamá, ni denunció la alteración de fechas en los expedientes, omisiones que facilitaron la extradición y condena de su cliente en Estados Unidos. “Si así va a defender a Colombia, Dios nos libre”, sentenció Murcia, refiriéndose a las aspiraciones presidenciales de su exabogado.
La respuesta del candidato: “Un show político”
Como era de esperarse en plena campaña de 2026, la reacción no tardó en llegar. Desde la orilla de Abelardo de la Espriella y su movimiento, las declaraciones han sido desestimadas y calificadas como un ataque coordinado. Su campaña emitió comunicados tildando la entrevista de “refrito” y acusando a Daniel Coronell de liderar una “bodega” mediática para frenar el ascenso del candidato de derecha. “Que empiece el show”, fue la respuesta de los allegados al candidato, quienes aseguran no temer a las acusaciones de un condenado por lavado de activos y captación masiva.
Sin embargo, el momento es crítico. En un ambiente electoral polarizado, que un “cadáver político” como David Murcia Guzmán reaparezca para señalar directamente la honestidad de un candidato presidencial genera un ruido mediático difícil de ignorar, especialmente cuando involucra cifras millonarias que, según Murcia, podrían haber servido para la reparación de víctimas.
Contexto humanitario: Tortura y traslados penitenciarios
Más allá del escándalo político, la reaparición de Murcia pone foco en la crisis carcelaria. Su traslado a La Picota se dio después de semanas de denuncias sobre tratos inhumanos en La Tramacúa, donde afirmó haber sido sometido a torturas y aislamiento extremo. Este traslado a Bogotá le ha permitido tener un acceso más directo a medios y abogados, facilitando esta ofensiva jurídica y mediática que hoy acapara los titulares.
Murcia insiste en que su intención principal no es política, sino recuperar el dinero para reparar a las miles de familias que perdieron sus ahorros en DMG, aunque muchos analistas ven en su salida a medios una jugada calculada para negociar beneficios o simplemente cobrar viejas deudas en el escenario público.
FotoPortada: Daniel Coronell
