Las disidencias de las FARC lideradas por alias ‘Calarcá’ lanzaron un contundente desafío al presidente electo Abelardo de la Espriella apenas días después de conocerse los resultados de la segunda vuelta presidencial del 21 de junio de 2026. A través de un mensaje escrito y con acciones armadas concretas sobre la Troncal de Occidente en Antioquia, el Frente 36 hizo saber que no se someterá a las amenazas del mandatario entrante, cuyo lema de campaña fue precisamente «el gobierno del tigre». La respuesta fue directa y sin ambages: «No copiamos de tigre».
La declaración adquiere mayor peso si se considera que fue el propio De la Espriella quien, antes de ganar las elecciones, lanzó un ultimátum público a los líderes guerrilleros. En una entrevista con la revista Semana, el hoy presidente electo afirmó: «Aprovecho los micrófonos de Semana para decirle a ‘Calarcá’, ‘Mordisco’ y demás hierbas del pantano: conmigo no hay negociación, se someten o les doy de baja», y los declaró «objetivo militar del gobierno del tigre». La respuesta de los grupos armados ilegales no se hizo esperar.
El ataque en la Troncal de Occidente
El jueves 25 de junio, el Ejército Nacional frustró lo que pudo haber sido una de las peores tragedias viales recientes en la región antioqueña. En el sector de Paulinas, entre los municipios de Valdivia y Tarazá —zona estratégica del Bajo Cauca antioqueño—, efectivos militares hallaron dos cilindros cargados con explosivos a un costado de la vía.
El Ejército atribuyó la instalación de los cilindros explosivos al Frente 36 de las disidencias de las Farc – crédito @corpades/X
La gravedad del hecho radicó en que, al momento del hallazgo, un bus con 41 pasajeros y un tractocamión se encontraban temporalmente atrapados junto a los artefactos. Las autoridades evacuaron a todos los civiles sin reportar heridos, y equipos antiexplosivos neutralizaron la amenaza. El Brigadier General Eduardo Alberto Arias Rojas, comandante de la Séptima División del Ejército, atribuyó directamente la acción al Frente 36 de las disidencias de las FARC, la misma estructura que opera bajo el mando político de alias Calarcá y que forma parte del denominado Estado Mayor de los Bloques y Frentes (EMBF).infobae
Además del atentado explosivo, el Frente 36 también llevó a cabo hostigamientos contra unidades del Ejército en la misma zona, en una combinación de acciones que los analistas de seguridad interpretan como una señal de desafío estratégico al nuevo gobierno que tomará posesión el próximo 7 de agosto.
Quiénes son las disidencias de ‘Calarcá’
Para entender la magnitud de este enfrentamiento verbal y armado, es clave conocer a este grupo armado ilegal. Las disidencias de las FARC lideradas por Alexánder Mendoza Díaz, alias ‘Calarcá’, son uno de los grupos disidentes más poderosos del país. Según cifras de inteligencia militar, cuentan con más de 2.500 hombres en armas y operan en departamentos como Bolívar, Norte de Santander, Antioquia, Cundinamarca, Meta, Huila, Putumayo y Caquetá.
Durante el gobierno de Gustavo Petro, esta facción participó en un proceso de paz que arrancó formalmente en abril de 2024. Sin embargo, el proceso estuvo marcado por tensiones permanentes. A comienzos de 2026, las disidencias de Calarcá emitieron un comunicado ordenando a sus tropas defenderse con las armas ante lo que calificaron como «operaciones militares en medio del diálogo», argumentando que el Gobierno «decidió unilateralmente dialogar en medio de la guerra». Datos de inteligencia revelados en abril de 2026 indicaban, además, que el grupo creció un 111% durante la negociación de paz, pasando a cerca de 3.000 integrantes.
El «tigre» y la guerrilla: una confrontación que se avecina
La frase «No copiamos de tigre» no es solo una respuesta retórica. En el vocabulario callejero y popular colombiano, «copiar miedo» o «copiar de alguien» significa dejarse intimidar. La guerrilla le está diciendo, en términos llanos, que la amenaza del presidente electo no les genera ningún temor y que están dispuestos a enfrentarse militarmente a su gobierno.
Esto sitúa a De la Espriella ante uno de los mayores retos de seguridad de su próximo mandato. El presidente electo ha prometido una política de seguridad democrática de mano dura, sin negociaciones con grupos que clasifica como organizaciones narcoterroristas. Su postura contrasta radicalmente con la de Petro, quien intentó —con resultados mixtos— una paz total con todos los grupos armados del país.
El Ministerio de Defensa del gobierno saliente informó que en los últimos cuatro años han sido «neutralizados» más de 16.000 integrantes de estructuras criminales, entre ellas las disidencias de Mordisco y las de Calarcá, aunque los grupos han demostrado una notable capacidad de recuperación.
El contexto político: Colombia en transición
Colombia vive una transición política cargada de tensión. De la Espriella ganó la segunda vuelta presidencial el 21 de junio de 2026 por un margen inferior a 251.000 votos frente al candidato izquierdista Iván Cepeda del Pacto Histórico, lo que refleja un país profundamente polarizado. En ese contexto, el desafío de las disidencias de Calarcá llega como una señal temprana de que el camino al 7 de agosto —fecha de posesión— y los primeros meses de gobierno estarán marcados por pruebas de fuerza en los territorios donde estas estructuras operan.
La acción del Frente 36 en la Troncal de Occidente, una de las arterias viales más importantes del norte antioqueño, también tiene un componente de mensaje territorial: este grupo controla o disputa zonas del Bajo Cauca, el Nordeste y el Norte de Antioquia, regiones con alta presencia de economías ilegales, particularmente el narcotráfico, que serán un tema central en la agenda de seguridad nacional del nuevo gobierno.
Los próximos meses serán un termómetro clave para medir la verdadera capacidad del Estado colombiano de contener a un grupo que ha demostrado que sabe escalar la violencia cuando se siente amenazado. De la Espriella deberá traducir su discurso belicoso en una estrategia concreta de política de seguridad, mientras las disidencias de Calarcá ya dejaron claro desde los primeros días del período de transición que no están dispuestas a plegarse. El mensaje está puesto sobre la Troncal de Occidente: Colombia no ha terminado su guerra.
