El cinismo de Uribe: salvemos a Colombia en el 2022

Última actualización 11 de enero de 2021 por Humana Noticias

Por: Emilio Lagos Cortés – FotoPortada: RCNRadio

En los últimos días del año pasado el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe agitó las aguas de la política colombiana desde sus redes sociales. En su cuenta de Twitter convocó a trabajar para salvar a Colombia en el 2022. La afirmación resulta por lo menos extraña, tratándose de un país en el que los presidentes de los últimos 18 años han sido puestos por el uribismo. Cualquiera pensaría que después de 18 años de gobiernos salvadores, su proyecto político ya se hubiese materializado. Pero ahora, de nuevo, Uribe convoca a los colombianos a salvar a nuestro país, ¿salvarlo de qué?

El mínimo análisis de la realidad colombiana lleva a que se esté de acuerdo con Uribe. Colombia ha sido arrasada por sus elites políticas y “empresariales”, y necesita ser salvada en el 2022. Uno pensaría que Uribe considera necesario salvar al país de una casta política cuyos más connotados representantes, desde hace décadas, se apartaron de los intereses generales de la sociedad y se redujeron a la simple y mezquina condición de tramitadores de los negocios de los carteles del narcotráfico, trátese de licencias para sus aviones y pistas, de legislación favorable o de complicidad policial, militar o judicial. Oficios siempre recompensados con finquitas que alcanzan las 1500 hectáreas de extensión.

Se hace necesario salvar a Colombia del capitalismo parasitario. Un sistema que le ha permitido a unos pocos acumular formidables riquezas, no mediante la producción capitalista de libre competencia, sino mediante la captura de beneficios estatales otorgados por funcionarios corruptos controlados mediante soborno. Así se logra la gran contratación estatal, que se entrega, no al contratista con mayor capacidad para ejecutar la obra, sino a quien se la ha asegurado mediante el pago de comisiones, tipo Odebrecht, escándalo en el que el hombre más rico de Colombia tuvo participación protagónica.

El extremo de este tipo de capitalismo lo encarnan los hermanos Tomás y Jerónimo: Bavaria, empresa cuyo grupo económico ha recibido billones de pesos mediante exenciones tributarias de los gobiernos del padre de los jóvenes empresarios, les vendió (regaló) un lote rural a mitad de precio; luego, mediante la ayuda del alcalde y del concejo municipal, socios políticos del papá, cambiaron el uso del suelo y lo volvieron de uso industrial, multiplicando su valor varias veces; y después, con la ayuda de los funcionarios de impuestos del gobierno de  su papá, los convirtieron en una zona franca. Resultado: hoy los hijos del expresidente, con las debidas ayuditas, son empresarios multimillonarios. Al inicio del gobierno de su papá solo eran mediocres estudiantes universitarios, a uno de ellos lo acusaron de hacer copia en la universidad, lo defendió, y lo salvó, el abogado del presidente. Desde hace décadas los políticos y sus hijos usan el poder estatal para enriquecerse, cada vez de manera más descarada. ¿Es de eso es que Uribe propone salvar a Colombia? Se le apoya.

Y se hace necesario salvar a Colombia de una clase política corrompida y corrupta hasta los tuétanos. Decenas de exministros y exsenadores de los últimos gobiernos han sido enviados a prisión por delitos de extrema gravedad, no por andar recogiendo café. Gran parte de los congresistas han pasado por la cárcel debido a sus vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo; otros exministros han sido condenados por usar los dineros públicos para beneficiar a sus socios políticos o a los financiadores de sus campañas, cuando estaban destinados a subsidiar al campo colombiano (el mismo Uribe recibió 4.000 millones de pesos en subsidios para el riego de su finquita); otros exministros han sido condenados por su participación en el soborno a congresistas para garantizar la permanencia en el poder de presidentes corruptos. De eso Colombia necesita ser salvada.

Otro aspecto que Colombia debe superar es el delfinazgo político. Ha sido característico de nuestra historia que los cargos del gran poder político pasan de generación en generación dentro de un reducido grupo de familias. En el 2022 no será la excepción, desde el uribismo ya se impulsa la candidatura del potro (mutación antioqueña de la figura del delfín) de Uribe; no interesa que Tomás solo tenga experiencia haciendo empresa con la ayuda de los funcionarios de su papá, o de los cacaos que le deben favores al expresidiario; lo importante es que sea el que dice Uribe, para continuar con la racha que ya completaría 20 años en el 2022.

Y ni qué decir de unos gobernantes que han convertido a las instituciones del estado colombiano en focos de la criminalidad paramilitar y del narcotráfico. Colombia ha vivido gobiernos que legalizaron y armaron con armas de guerra a organizaciones paramilitares, que después cometieron los mayores crímenes que Colombia ha soportado en los últimos 50 años; un par de generales de la república, jefes de la seguridad presidencial, fueron extraditados y condenados por su relación con el narcotráfico; para no mencionar los miles de falsos positivos, asesinatos de jóvenes cometidos por los militares que deberían salvaguardar la vida de los colombianos. Y remata el uribismo con su lista al senado, adornada con testaferros políticos de parapolíticos, testaferros y sicarios del cartel de Medellín. Uribe tiene razón, hay que salvar a Colombia.

Por todo lo anterior, coincidiendo con Uribe, Colombia debe ser salvada en el 2022; pero, por eso precisamente, y ahora contrariando a Uribe, se hace indispensable llevar a la presidencia a un proyecto político que se proponga superar al uribismo como momento nefasto de la historia política de Colombia. Se requiere de un proyecto político que apunte al bienestar común de los colombianos, al reconocimiento de derechos para todos, en lugar de poner al estado al servicio de unas minorías codiciosas que han hecho de Colombia la tierra de las más terribles injusticias para las mayorías.

Apostilla: la extrema derecha de los Estados Unidos repite lo que ha hecho la extrema derecha en Colombia desde hace mucho tiempo, usar cualquier medio para permanecer en el poder.

 

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